El día que un niño comprende que todos los adultos son imperfectos, se convierte en adolescente.
El día que un adolescente perdona a los adultos, se convierte en un ser maduro. Si no los perdona, inconscientemente sigue siendo un adulto que se comporta como un adolescente, un niño que ha crecido pero nunca ha madurado.
Pero solo el día que una persona madura se perdona a sí misma se vuelve sabia, y la prueba de ello se da cuando la persona sabia vuelve a sentirse como un niño, dejando de fijarse en las imperfecciones de los adultos y viviendo en su propio mundo, prohibido a falsos adultos.
Cuando un adulto le dice a un niño: «Tienes que crecer para entender esto, porque un día, cuando seas mayor, sabrás lo que no puedo explicarte ahora», este adulto está ocultando su propia incapacidad infantil para comunicarse con ese niño (NO ESTÁ AL NIVEL DEL NIÑO, NO ES MADURO). Está demostrando que, en realidad, el niño debe madurar primero. Si bien los niños aún no son capaces de comprender racionalmente una situación, siempre serán capaces de escuchar emocionalmente lo que queremos decirles, porque en todo caso el corazón siempre precede a la razón.
NO TENEMOS HIJOS,
ELLOS NOS TIENEN A NOSOTROS
Tener un hijo es lo más cerca que puedes estar de ser Dios. No es casualidad que casi termines dejando de existir, sin vida, sin tiempo, entregandote incondicionalmente. Es un curso intensivo que dura toda la vida, un curso donde aprendes a amar a los demás más que a ti mismo; de hecho, más que un curso, es un viaje, donde aprendes a corregir tus peores defectos para dar el mejor ejemplo. Ser padre o madre es como saltar de un avión sin paracaídas, sabiendo que pase lo que pase, todo saldrá bien, porque aquí nunca tocas fondo; es arriesgarlo todo, tener el valor de perderte, de desprenderte de esas criaturas que no son tuyas, porque son solo un regalo que la vida les presta para que vivan por sí mismas cuando tomen las riendas de su vida y abandonen el hogar.
¿Recuerdas cuando éramos niños?
¿Y queríamos crecer rápido?
¿Para ser como los adultos?
¡Qué tontos éramos!
Pero el problema es que la mayoría seguimos así... ¡tontos, crecemos y seguimos siendo adultos!
Cuando un niño te dé un teléfono de juguete, contésta al telefono,
cuando te dispare con un palo, finge que estàs herido;
cuando te dé su muñeca, abrázala;
cuando finja asustarte, ten miedo...
de lo contrario, lo único finjido sería
tu madurez, pero sobre todo, tu dignidad,
perdida cuando eras niño.
Enseña a tus hijos
a ser felices a través de la sencillez.
Cuando crezcan, aprenderán a distinguir
entre el valor de las cosas y su precio.
Leerle a un niño incluso antes de que pueda comprender le enseña a asociar el amor y el afecto con los libros y la lectura, porque incluso antes de entender, ya siente que es un momento de suma importancia si se comparte y se experimenta con él.
Cuando educas a un niño, educas a un hombre;
pero cuando educas a una niña, educas a un pueblo.
- Proverbio nativo americano -
Todo el amor que te fue negado en tu infancia, debes dejar de buscarlo al crecer, porque nadie te lo dará, ni siquiera quienes te aman de verdad, pues te amarán como a un adulto y tú, inconscientemente, desearás ser amado como un niño. Hasta que no se produzca esta renuncia, todo amor adulto corre el riesgo de fracasar; todo intento de amar no será más que una súplica de comprensión y, peor aún, tu amor, por intenso que sea, nunca será adulto, sino simplemente el lamento constante de un niño perdido.
Cuando me encuentro con los llamados adultos
a quienes ya no les gusta leer cuentos de hadas,
entonces entiendo que
si piensan que son demasiado mayores para hacer cosas pequeñas,
es porque no saben que en realidad son demasiado pequeños para hacer cosas grandes.
EL NIÑO ENTRE EL INSTINTO Y LA RACIONALIDAD
Los niños son puro instinto; su racionalidad aún no es su punto fuerte (carecen de capacidad para la lógica, el análisis y la intuición). Por lo tanto, cuando experimentan un conflicto interno, no hablan de él (no sabrían cómo). Prefieren actuar expresando, mediante la lucha, lo que sienten por dentro y buscando soluciones en el entorno externo, nunca un cambio interno. Los cuentos de hadas tienen el poder de crear el escenario para estos conflictos y resolverlos de forma no traumática al verlos desde fuera. Los cuentos de hadas son una verdadera transferencia psicológica para los niños. Sin embargo, si crecen con su conflicto, es obvio que nunca buscarán un cambio interno, pero peor aún, perderán su instinto puro. En lugar de actuar en función de su entorno, lo soportarán todo como un fantasma de su conflicto infantil. Saben que tienen razón (no se sienten amados), pero nunca sabrán dónde se equivocan (tienen miedo de decirlo abiertamente). Un niño teme decir la verdad cuando sabe que podría perder el amor de sus padres, y este amor perdido se disfraza de miedo, envuelto en ira que tarde o temprano se manifiesta como fobias (miedo a las arañas, a la oscuridad, a los lugares solitarios, a la gente, etc.) o explota en odio hacia alguien o algo. La única forma de desenmascarar esta ira y este miedo es a través del amor verdadero, que permite a la persona expresarse sin ser rechazada ni condenada, pero este amor también está inicialmente sujeto a la agresión visual de la transferencia, casi siempre encontramos en las personas que amamos la posibilidad de desahogarnos, por eso incoscientemente tratamos mal las personas queridas (es una enfermedad psíquica). Si la persona que te ama es madura, resistirá la tormenta psíquica; si no lo es, huirá porque también es víctima de su transferencia inconsciente.
Leer el periódico todos los días no nos convierte en periodistas, del mismo modo que tener un piano en casa no nos convierte en pianistas. Si tienes una Biblia eso no quiere decir que eres un creyente. Lo mismo ocurre con los hijos: tenerlos no te convierte automáticamente en padre o madre; se necesita mucho más.
La paz mundial no puede existir porque nuestra sociedad se ha fundado durante milenios en la competencia, y esta es la base de toda guerra, por insignificante que parezca. Incluso de niños, jugamos no para superarnos a nosotros mismos, sino para superar a los demás. En la escuela, sucede lo mismo: aprendemos a sacar las mejores notas, no para ser mejores, sino para ser los mejores, para tener el mejor trabajo. Las religiones compiten por quien tiene el Dios verdadero. Los paises compiten por tener las mejores ganancia y capitales. En última instancia, cada rol en la sociedad tiene un único propósito sutil e implícito: dominar a los demás.
¡EL AMOR COMO IMPRESIÓN GENÉTICA E IMPRESIÓN PSICOLÓGICA!
Si un niño nace en China de padres chinos, aprenderá a hablar chino; alguien nacido en Alaska vestirá pieles y suéteres de lana; si nace en el Caribe, podría hablar español. ¿Qué quiero decir con esto? Que si naces en una familia sin amor, será difícil (pero no imposible... el potencial innato siempre tendrá una oportunidad de redención si sabemos aprovecharla en el futuro) que aprendas a reconocer este lenguaje. El amor y las emociones son un lenguaje que se aprende en los primeros años de infancia. De hecho, los niños tienden por naturaleza a percibir su entorno como amor; así que si su madre siempre grita, el niño cree que incluso gritar es amor; si su padre golpea a su madre, la niña, a través de la represión psíquica, aceptará los golpes como amor sin darse cuenta que quiere perdonar a su padre inconscientemente. Puede parecer absurdo, pero es cierto: el inconsciente de un niño (de 1 a 7 años) es tan puro que prefiere sacrificarse y anularse a sí mismo antes que contradecir y acusar a sus padres (las acusaciones, obviamente, resurgirán más adelante, con el tiempo y la edad). Si no hemos recibido amor, jamás podríamos dar lo que no tenemos, hasta ser cosciente de esta trampa.
I genitori dovrebbero essere consapevoli di come condizionano i loro figli. E ai bambini dovrebbe essere data ogni libertà di sperimentare il bene e il male, così che possano decidere da soli. Lasciate che trovino la loro strada: voi state soltanto molto attenti che non cadano in un fosso! Non dite mai nulla ai vostri figli che non sia una vostra esperienza esistenziale. Accettate la vostra ignoranza, questo vi procurerà un maggior rispetto, più fiducia in ciò che siete. L'ego del genitore pretenderebbe di conoscere tutto! Siate rispettosi nei confronti del bambino; i genitori si aspettano il rispetto dei figli, ma si dimenticano che è una cosa reciproca: rispetta i bambini e loro ti rispetteranno! Fidati dei bambini e loro si fideranno di te, allora sarà possibile una comunicazione.
- Osho -
Se puede descubrir más sobre una persona
en una hora de juego,
que en un año de conversación.
UBUNTU
Un antropólogo propuso un juego a unos niños de una tribu africana: Colocó una cesta de fruta cerca de un árbol y les dijo que quien llegara primero se llevaría toda la fruta.
Cuando se dio la señal de inicio, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos. Una vez que tuvieron la cesta, se sentaron y disfrutaron del premio en compañía. Cuando se les preguntó por qué querían correr juntos, dado que solo uno podía llevarse toda la fruta, respondieron: «UBUNTU: ¿cómo puede uno ser feliz si todos los demás están tristes?». En la cultura subsahariana, UBUNTU significa: «Yo soy porque nosotros somos».
Mantente fiel a la naturaleza infantil y te ayudará a crecer interiormente: es una fuente inagotable de gracia, saca lo mejor de ti: paciencia, tolerancia, esperanza, comprensión, bondad, afecto, etc. Con un adulto, perdemos la esperanza, dejamos de creer, los evitamos para no caer en la tentación. Pero con un niño, en cambio, nos mantenemos cerca de él y, sin darnos cuenta, adquirimos lo mejor que estos magníficos seres pueden ofrecer: la esencia de la humanidad.
A través de la relación con sus padres, los niños aprenden a conocerse a sí mismos y a identificarse con las emociones que experimentan. Los padres son, por lo tanto, los dos ojos que dan profundidad y sustancia a la imagen emocional del niño. Privados de la relación con uno de sus padres, los niños se ven obligados a verse a sí mismos con una visión limitada y, por consiguiente, se perciben como una imagen superficial e incompleta y la buscaràn in manera superficial e incompleta.
No recuerdo haberme aburrido nunca de niño... Hice una espada con un palo y fabriqué billetes con hojas de árbol. Jugaba a ser el banquero al que robaba un caballero con una espada. Tocábamos los timbres a escondidas, escuchaba cuentos de hadas, seguía a las hormigas en el jardín. No tenía nada, es cierto, era pobre, pero lo tenía todo: imaginación, la magia de la vida. Hoy, sin embargo, veo niños que, a los 8 años, ya tienen móviles, gel en el pelo, algunos con pendientes y perfiles de Facebook, videojuegos que imitan a la perfección la realidad, y aun así se aburren, siempre quieren más, nunca están satisfechos. No les falta nada, pero necesitan esa totalidad mágica que es la imaginación, el toque de lo divino, el aire trascendental de la vida: el espíritu, porque son niños que viven orientados al tener (materialismo) en lugar de al ser (espiritualidad).
EL SUEÑO Y EL RITMO DE LA NATURALEZA
Durante el verano y las vacaciones, he notado que mis hijos se acuestan más tarde y, por consiguiente, se levantan más tarde por la mañana. Su comportamiento es obviamente más inquieto, menos relajado y estresado, diría que como el de los adultos... ¡quizás el dicho "acostarse con las gallinas y levantarse con el gallo es bueno para la mente y el corazón" no sea del todo infundado! Creo que la sociedad actual está privando a los niños de este ritmo natural de acostarse temprano, descansar profundamente durante la noche y despertarse con toda la fuerza y el vigor de los rayos del sol. El ciclo de la hormona del crecimiento y la producción de melatonina y serotonina dependen de las horas de sueño a partir de las 10 de la noche.
EDUCAR NO ES HACER, SINO SER
La educación es un acto inconsciente. Los niños imitan lo que hacen los adultos. Nuestras palabras no son más que información. Los niños siempre lo cuestionarán, siempre dudarán de nuestras palabras, pero siempre creerán en nuestras acciones. Educar no significa imponer reglas; las reglas se imponen a los animales para ser domesticados, a los soldados para ser puestos bajo mando, a los ciudadanos para ser dominados y controlados. Los seres humanos prosperan con la creatividad, se nutren de la diversidad y la novedad, de la curiosidad y la alegría, del deseo de identificarse con ejemplos emocionales de grandeza. ¡Educamos a los niños mientras nos observan, no mientras nos escuchan! Para ser buenos educadores, primero debemos ser. De hecho, educamos basándonos en quienes somos. Las caricias, las sonrisas y los abrazos son unidades de enseñanza muy efectivas, herramientas educativas sencillas y, sobre todo, escuchar y prestar atención a los niños.
Mientras un niño no haya sufrido una decepción,
su ilusión le enseña la realidad sin engaño. Sin embargo, cuando un adulto se ha decepcionado,
su ilusión consiste en descubrir solo el engaño.
Precisamente por eso pierde fácilmente el contacto con la realidad.
Cuando el niño era niño,
caminaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
el río un torrente
y este charco el mar.
Cuando el niño era niño,
no sabía que era un niño,
para el todo tenia alma
y todas las almas eran una.
Cuando el niño era un niño
no tenia opinion sobre nada,
no tenía hábitos,
A menudo se sentaba con las piernas cruzadas.
y de repente empezaba a correr,
tenía un remolino en el pelo
y no hacía caras como un fotógrafo.
Cuando el niño era niño,
para alimentarse le bastaba pan y una manzana,
y sigue siendo así.
Cuando el niño era niño,
arrojó un palo al árbol como si fuera una lanza,
que aún sigue vibrando.
Peter Handke, Elogio de la infancia - Canción de la infancia - fragmentos -
Invita a tus monstruos a escuchar tus miedos, tus sueños, tus cuentos de hadas, diles que salgan del rincón oscuro de tu habitación, de debajo de la cama, más allá de las cortinas, invítalos a sentarse a tu lado, cuéntales tu día y luego… mira con ternura sus formas monstruosas, sus heridas, pregúntales qué pasó con esas cicatrices… si te responden entonces serás dueño de tu abismo, tu infierno florecerá como un paraíso perdido.
Los niños aún no tienen una comprensión racional, mucho menos analítica, pero llegan antes que nosotros con el corazón, tienen una comprensión emocional, instinto, su corazón es una esponja, captan rápidamente los sentidos, los pensamientos, las emociones, los significados profundos, saben si sus padres están en conflicto, si son amados; se puede hacer cualquier cosa para ocultar y esconder la verdad a un niño, especialmente sobre los verdaderos sentimientos, pero él lo siente aunque aun no lo sepa, no se le puede mentir, puede leer las mentiras, especialmente las inconscientes, de manera perfecta.
Cuando era niño, me encantaba hacer cometas con hojas de cuaderno... me hacían volar más que las cosas que me enseñaban a escribir en esas hojas en la escuela... luego el mito de Superman se convirtió en mi sombra, adoraba la humildad de Clark Kent, su deseo de normalidad, de permanecer invisible, de esconderse detrás de sus gafas, de hacer el bien, de ser un Hombre. Era un héroe solitario, un huérfano, un exiliado. Otros superhéroes tenían que ponerse algo para parecer fuertes, una actitud estudiada, una capa adicional de armadura. Clark, en cambio, no. Lo tenía todo dentro, solo tenía que revelarse, pero siempre tenía miedo de hacerlo, miedo a ser traicionado, herido, incomprendido, despreciado por ser diferente; y cuando se trataba de amor, era un desastre... en resumen, era como yo en toda su humanidad. De adolescente, empecé a pensar en convertirme en piloto. Volar siempre estuvo en mi alma, pero seguía siendo un vuelo de pura intención y deseo... mi cabeza siempre estaba en las nubes. Finalmente, como una cometa, un viento poderoso me arrancó de la sociedad, de la vida cotidiana, del mundo... Empecé un vuelo interior, volando con mis pensamientos, volando verdaderamente con mi corazón, un viaje introspectivo a gran altitud, hasta el punto de una personalidad dividida (llámenlo esquizofrenia si quieren); sí, salí de la altitud, a otra atmósfera, sobrenatural (la de la locura), pero con la diferencia de lograr mantener a raya tanto a mí mismo como a la sombra, el vuelo y las caídas, mi cabeza como siempre en las nubes pero con los pies en la tierra. Un hilo que conecta mi cometa con la tierra, llámenlo Espíritu Santo, Prana, Nirvana, Éxtasis, intuición, consciencia, clarividencia, Dios... en resumen, sigo llamándolo Superman; ese era el nombre de mi cometa, que hoy ha tomado la forma etérea de mi alma. He realizado mi sueño de infancia: puedo volar, sin drogas ni alcool. Me he liberado de la fuerza gravitacional llamada dualismo, llamada dinero, llamada política, religión, statu quo, clichés, opinión social, ignorancia y estupidez humana... y lo bello es que, como Clark, nadie me cree, he desaparecido entre la multitud, tan insignificante que para muchos no soy nadie, soy ninguno... En cambio, yo ¡¡¡Vuelo!!!
Lo que escuchábamos de niños: «Quédate quieto, muévete, ve despacio, date prisa, no toques, ten cuidado, hiciste caca, cómetelo todo, cepíllate los dientes, no te ensucies, te ensuciaste, cállate, habla, te lo dije, discúlpate, saluda, ven aquí, no estés siempre cerca de mí, ve a jugar, no me molestes, no corras, no sudes, ten cuidado, te vas a caer, te dije que te ibas a caer, qué pena, nunca tienes cuidado, no eres capaz, no puedes hacerlo, eres demasiado pequeño, lo haré yo, ya eres demasiado grande, vete a la cama, levántate, llegarás tarde, tengo cosas que hacer, juega solo, tienes que terminar primero, cúbrete, no te quedes al sol, quédate al sol, no hables con la boca llena».
Lo que nos hubiera gustado escuchar de niños:
«Te quiero, eres precioso/a, estoy feliz de tenerte, hablemos de Tì, busquemos un tiempo para nosotros, ¿cómo te sientes?, ¿estás triste?, ¿tienes miedo?, ¿por qué no lo quieres?, eres dulce, eres suave y tierno/a, dime qué sentiste, ¿eres feliz?, me gusta cuando ríes, puedes llorar si quieres, ¿estás triste?, ¿qué te hace sufrir?, ¿qué te enfada?, puedes decir lo que quieras, confío en ti, me gustas, me gustas cuando no te gusto, te escucho, ¿estás enamorado?, ¿qué piensas?, me gusta estar contigo, quiero hablar contigo, quiero escucharte, cuando te sientes más triste, me gustas como eres, es agradable estar juntos, dime si me equivoco.
De niño pensaba que los adultos siempre responderían a mis preguntas. De adulto creía que los ancianos se quedarían con las respuestas. Ahora recuerdo que eran los niños quienes siempre tenían las respuestas. Si te gusta el poder, ¡querrás hacer todo lo que quieras! Descubre tu niño interior y haz todas estas preguntas ya cuando llegue seas anciano, para que te responda y mueras en paz.
Honra a tu padre y a tu madre solo si son verdaderamente honorables; de lo contrario, les estarías mintiendo y te engañarías a ti mismo.
Este mandamiento cristiano nos es bien conocido, e incluso, en algunos casos, viene cargado de terribles sentimientos de culpa. Tras una larga serie de casos psicoanalíticos, solemos llegar a la conclusión de que, con frecuencia, la raíz del trauma, la fobia, la manía o la deformidad temperamental o de carácter de una persona reside en una relación distorsionada, fallida, deficiente o insana con sus padres. En efecto, el camino de sanación interior de una persona siempre tiene sus raíces en la revisión y reevaluación de la infancia. Pero siempre nos encontramos ante un muro, o mejor dicho, ante un obstáculo terrible, casi insuperable: «Honra a tu padre y a tu madre», un precepto que, como todos sabemos, suele ser absurdo desde el principio, porque el amor no se puede mandar. El amor, como el honor, se gana, no se impone, sino que se adquiere. Honrar significa otorgar a alguien un honor, un título, un reconocimiento, por lo que el honor es ante todo respeto ganado, nunca ordenado ni impuesto. Se nos ha dado el deber moral de honrar a nuestros padres, pero ¿qué pasa si no son padres de verdad? ¿Qué pasa si no son honorables en absoluto? ¿Qué pasa si nunca han hecho nada verdaderamente digno de amor por nosotros? Aquí está el quid de la cuestión: algunos padres son unos bastardos, falsos, nos han descuidado, incluso abandonado, ¿y entonces qué? ¿Tenemos que alabarlos y honrarlos por ser buenos hijos? ¿Tenemos que soportar todas sus atrocidades simplemente porque nos dieron la vida? NO, absolutamente no, esto no es honrarlos sino engañarlos en nombre de una moral falsa. Es manipulación mental por parte de aquellos que abusan del poder (padres, gobernantes, líderes religiosos y todos aquellos que afirman ser honorables sin serlo realmente). Ante todo, los padres que no aceptan la corrección de su hijo que le dice la verdad (de hecho, son ellos quienes deberían hacerlo) se sentirían humillados; se sentirían como los hijos de sus propios hijos. Un arquetipo psicológico recurrente en los cuentos de hadas es la caída de los dioses; muchos mitos cuentan la historia: matar al padre (Cronos, Urano, Zeus... todos fueron amenazados por sus hijos) no significa cometer un asesinato real, sino matar a la autoridad cuando es un déspota falso y tiránico, simplemente rechazándola. Un dicho oriental muy famoso también dice así: "Si encuentras al Buda en el camino, mátalo", lo que significa que cuando entiendes los errores del maestro (porque nadie es perfecto), entonces los superas (así es como los matas). Al no repetirlos, los has honrado. De esta comprensión surge el perdón y el desapego psicológico de tantos traumas, porque finalmente puedes entender por qué tus padres cometieron errores, por qué debes expresar tu decepción con ellos sin culpa y, sobre todo, cómo seguir viviendo sin remordimientos, superando su condicionamiento. De ahí el dicho: «Un discípulo no es digno de su maestro hasta que lo supera», así que solo mediante el amor y la comprensión podemos honrarlos, es decir, superarlos.
PD: Incluso en culturas no cristianas, se percibe esta dependencia o correspondencia de deberes entre padres e hijos, pues es inherente a nuestra naturaleza esperar amor, atención, cuidado, presencia, dedicación, etc., de quienes nos dieron la vida; pero, lamentablemente, esto no siempre sucede.
Nací en una cultura donde los niños están inmersos en la tierra, en el bosque, oliendo a prados y barro. Para nosotros, un niño que pasa todo el día demasiado limpio suele parecer triste. Esto se debe a que crecemos rodeados de animales, charcos y árboles por los que gateamos para trepar. Todos estos son elementos con los que entramos en contacto. No estamos sucios, sino untos por la naturaleza. Luego, por supuesto, llega la hora del baño, y eso también implica contacto con agua limpia. Después nos vestimos: nadie nos dice que vamos mal vestidos porque llevamos una camisa roja con pantalones azules. Para nosotros, estos son gustos sagrados, no muestras estándar de escaparates (¿acaso alguien ha dicho que el amarillo del sol no combina con el azul del cielo y el verde de la tierra?). Para nosotros, los colores también son reflejos de la luz, la naturaleza, el sol, el agua y las flores. No se nos imponen gustos porque el buen gusto es un paliativo con el que la moda ha logrado catalogar incluso las mentes y las emociones de la sociedad consumista. Una vez que un niño sonríe, ¡nadie puede decirle nada, aunque tenga la cara cubierta de mugre!
Solemos desahogar nuestra ira con personas que no nos asustan, personas que se preocupan por nosotros, personas que nos dan la seguridad de que no nos harán daño. Puede parecer absurdo, pero es cierto. A menudo, los niños y quienes nos aman son los más vulnerables. No son la causa de nuestro mal humor, pero se ven absurdamente influenciados por la maldad de nuestro lado oscuro. Por esta razón, los padres a menudo no se dan cuenta de cuánto dolor les transmiten a sus hijos.
Un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido...
Los niños no tienen pasado,
y ese es el secreto de la mágica inocencia de sus sonrisas.
La infancia es como una semilla:
contiene raíces y potencial
para toda la vida futura.
Todos llevamos dentro las heridas del niño que fuimos. Escucha al niño que sufre en tu interior. Liberarte de ese niño que sufre no solo impacta tu vida, sino que también afecta el tabú social, donde los adultos suelen comportarse como niños huérfanos y perdidos.
ERES IMPORTANTE
Un padre o madre que no se preocupa por las necesidades de su hijo o hija le inculca la tendencia a descuidarse a sí mismo/a. El niño o niña crecerá sin preocuparse por sí mismo/a, por sus necesidades reales y, sobre todo, por sus necesidades espirituales.
Cuando un niño mira a los rostros de su madre y su padre, no debería ver más que su amor. Si, en lugar de amor, ve rastros de miedos, decepciones, dudas, expectativas y planes que los padres suelen tener para sus hijos, el niño se perderá, perderá el contacto consigo mismo, percibirá el vacío de sus padres y pasará toda su vida buscándose en otros para salvarlos, y, como resultado, nunca se encontrará a sí mismo. Solo el amor verdadero y puro puede liberarnos de tales espejismos.
¿Por qué los niños se pelean y luego vuelven a jugar juntos como si nada hubiera pasado?
Porque para ellos, lo más importante es la felicidad, no el orgullo.
Destruimos a los niños al moldearlos con una mentalidad psicótica de grandeza: serás hijo de una gran madre, serás muy educado, guapo, inteligente, serás un gran profesional, serás rico... serás esto y harás aquello... Absurdamente, un niño así piensa que ser amado significa ser admirado. La sociedad sostiene que la garantía de dignidad es tener riqueza, estar en un pedestal, elevar el estatus ante los demás; de lo contrario, no eres nadie, si no eres grande, importante... esto es lo que nos enseña la madre sociedad, la madre iglesia y, lamentablemente, algunas madres biológicas.
Solo un padre o madre verdaderamente amoroso ofrece amor incondicional a su hijo o hija, es decir sin ningún interés. Quienes no han experimentado este amor vivirán siempre bajo la ilusión de amar de verdad. Quienes no han experimentado el amor incondicional no pueden descubrir el amor que reside en su interior y, por lo tanto, no pueden amar incondicionalmente, porque no se puede dar lo que no se tiene. Vivimos en una sociedad que basa todo en el interés: ¿Cómo podríamos comprender que no podemos experimentar la esencia del amor cuando todo está condicionado por los intereses?
Todos queremos creer en el amor incondicional porque, en el fondo, sentimos que es maravilloso ser amados sin tener que pagar nada a cambio. Pero si nunca hemos recibido ese amor, ¿cómo podemos corresponder? Creemos en él solo por el anhelo de amor que sentimos en nuestro interior.
Si los criticamos, se sentirán poco queridos y comenzarán a reprimir sus emociones y pensamientos. Llegarán a la conclusión de que sus sentimientos no les pertenecen y los reprimirán, convirtiéndose en nuestro fiel reflejo; pero pronto estos sentimientos inconscientemente reprimidos se volverán contra nosotros. Nos encontraremos con la ira o la tristeza del niño por nuestra culpa. Los niños son transparentes, no les pongamos cortinas, de lo contrario apenas adolescentes no tendrán màs confianza en nosotros. Muchas veces, los padres ancianos que vemos abandonados son a menudo las consecuencias de sus propias acciones, al no saber cómo inculcar amor en sus hijos; no siempre cruel el niño que fue abandonado emocionalmente mucho antes.
EL NIÑO QUE SACRIFICA SU EGO
Los niños aman tanto a sus padres que nunca quieren culparlos; incluso si están ausentes, son crueles, gruñones, agresivos, mentirosos, engañosos o traicioneros... el niño tiende instintivamente a asumir la culpa, piensan que son ellos los que se merecen esa mal trato con tal de no dar la culpa a los padres. Prefiere creer que es desobediente, y por eso no escucha. Con arrebatos de ira e irritación, intenta decirles a sus padres: "Mírenme, estoy perdido". El niño reprime la culpa de sus padres, pero de adulto, intentará descargarla en otros.
No les preguntes a los niños qué es mejor para ti, sino qué es mejor para ellos. Los padres suelen malcriar a sus hijos exigiéndoles constantemente el mejor comportamiento, las mejores notas en la escuela, ayuda en casa... Se convierten en niños mimados, el orgullo de mamá y papá. Con esta pseudojustificación, reprimimos a los niños, haciéndolos infelices, paradójicamente a nuestra imagen y semejanza: máquinas creadas por nosotros para complacernos y así poder aprovecharnos del "éxito" de ellos, para nosotros mismos sin conocer muchas veces lo que les gusta a ellos. Nuestros hijos son simplemente niños, y cuando cometen errores, caen en la depresión, abrumados por la vergüenza, el miedo y la culpa hacia sus padres, a quienes consideran superestrellas: sintiéndose injustamente indignos de su amor y admiración. Ellos no te lo dirà, te lo demostraran cuando sean jóvenes y se alejen de nosotros.
El espíritu del paraíso infantil
La infancia es una etapa tan fundamental en la vida de todos que deseamos conservarla y revivirla, para bien o para mal. Por eso, intentamos recordar solo lo bueno, las situaciones agradables y a las personas que nos querían. El resto de nuestros recuerdos infantiles, si es posible, son reprimidos por el subconsciente para que no se hable de ellos. Pero es un espíritu que, tarde o temprano, con la ayuda de un alma pura y amorosa como la de un niño, debería comprenderse plenamente. Hay que afrontarlo tarde o temprano. Cada uno de nosotros debe regresar a su alma y buscar a ese niño perdido que fue herido en nuestro inconsciente. Es de ahí de donde surgen la redención y la iluminación.
L'ira dell'agnello innocente
Quando un bambino subisce un'ingiustizia in tenera età (perché non è in grado di reagire e difendersi), sopprime le reazioni naturali in due modi: trasformandole in rabbia o paura. Peggio ancora se l'adulto è violento e crudele. Allora il risentimento della rabbia sarà soppresso fino a raggiungere l'età adulta e si scaricherà su altre persone, sui propri figli, e in casi estremi su intere nazioni. Nelle fiabe incontriamo spesso episodi di violenza, ingiustizia, crudeltà. Non possono essere evitati. Hanno lo scopo di aiutare il bambino a liberarsi emotivamente e a prendere la decisione di scaricarsi attraverso la storia e il dialogo.
Paura del genitore
Niente può avere conseguenze più disastrose nella vita di un bambino della paura del proprio genitore: autoritario, scontroso, violento, incomprensibile. I bambini che crescono in un'atmosfera del genere sopprimono emozioni e sentimenti. Hanno paura di coloro che si aspettano di sentirsi al sicuro. Vivono in totale confusione. Non volendo incolpare il genitore (perché il bambino ama e non vuole condannare i genitori), il bambino trasferisce la paura del genitore in paura del buio (non vuole dormire con la luce spenta), paura nel guardare un film dove ci sono mostri ed orchi, paura di uscire di casa, paura di ragni, topi e persino cani. Dietro la paura, il bambino nasconde il comportamento aggressivo dei genitori (paura dell'abbandono, paura delle urla della madre o del padre, paura dei colpi che il padre dà alla madre o la madre al bambino, ecc.). Il bambino è contento quando in una fiaba il bene vince il male, quando il male viene punito, la strega e la matrigna cattiva perdono.
C'è un posto nella corteccia cerebrale che riceve una serie di stimoli fin dalla tenera età, come: Stai attento! Non gridare! Non farlo! ... Sono fonte di così tanto stress per il bambino che diventa estremamente attento e sensibile ai minimi dettagli. Nella nostra civiltà occidentale siamo abituati a vivere a un livello di alta stimolazione intellettuale. Questo porta al fatto che anche nelle cose più insignificanti vediamo la fonte del pericolo, siamo costantemente in allerta e il nostro sistema di aggressione è bloccato in modo tale da continuare ad attivare il meccanismo di attenzione verso un possibile pericolo . Alla fine ci ritroviamo intrappolati. Questo atteggiamento della parola “NO”: non toccare, non farlo, non andare, non parlare, no e no... crea in noi uno stato costante di paura e vigilanza nei primi anni di vita. Invece di dire al bambino "non toccare", "non bere", potresti dire che l'oggetto potrebbe bruciare, o che l'acqua è sporca, ecc.


















































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